

Casitas de Guadalupe
Todo aquel que escucha y acepta el mensaje de la Virgen de Guadalupe forma en su hogar una Casita de Guadalupe. Se coloca en centro de la casa, una imagen fiel de la Virgen de Guadalupe, tal como quiso quedarse en el Tepeyac. Se debe entronizarla porque a partir de ese día ella sea la Reina de ese hogar.
El objetivo de este apostolado es formar 10 mil casitas de Guadalupe, hacer que 10 mil familias entronicen en sus casas una imagen tamaño original de la Virgen de Guadalupe para el 2031, como acto de amor y cercanía a María Santísima.
“Mucho deseo que aquí me levanten mi casita sagrada… en donde lo daré a las gentes en todo mi amor-persona, en mi mirada compasiva, en mi auxilio, en mi salvación”
Virgen de Guadalupe a Juan Diego
Casitas de guadalupe posee la copia más bella y fiel que existe en el mundo, la misma con la que se reproducen todas las imágenes oficiales de la Basílica.
Consagración a Guadalupe
Una vez que llega la imagen a la casita de guadalupe, debemos confiar nuestras almas a María. Miramos a María como nuestra Madre espiritual y le pedimos que nos guíe para crecer en santidad y profundizar en nuestra relación con el Señor. Se reza la siguiente consagración.
Santísima de Guadalupe, Madre de Dios, Señora y Madre nuestra. Venos aquí postrados ante tu santa imagen, que nos dejaste estampada en la tilma de Juan Diego, como prenda de amor, bondad y misericordia. Venimos a consagrarnos, a consagrar nuestra vida a ti, que con delicadeza y amor nos conducirás a tu hijo Jesús. Aún siguen resonando las palabras que dijiste a Juan con inefable ternura: “Hijo mío queridísimo, Juan a quien amo como a un pequeñito y delicado,” cuando radiante de hermosura te presentaste ante su vista en el cerro del Tepeyac.
Haz que merezcamos oír en el fondo del alma esas mismas palabras. Sí, eres nuestra Madre; la Madre de Dios es nuestra Madre, la mas tierna, la mas compasiva. Y para ser nuestra Madre y cobijarnos bajo el manto de tu protección te quedaste en tu imagen de Guadalupe.
Virgen Santísima de Guadalupe, muestra que eres nuestra Madre. Defiéndenos en las tentaciones, consuélanos en las tristezas, y ayúdanos en todas nuestras necesidades. En los peligros, en las enfermedades, en las persecuciones, en las amarguras, en los abandonos, en la hora de nuestra muerte, míranos con ojos compasivos y no te separes jamás de nosotros. Amén.
ENTRONIZACIÓN DE MARÍA DE GUADALUPE
Para completar la casita de guadalupe de debe colocar a María de Guadalupe en un lugar principal de la casa, y conferirle el poder y autoridad reales sobre nuestra familia. A partir de ese momento, Ella es la Reina del hogar, además la madre de su Señor y Dios y nuestro hogar se transforma en una casita de guadalupe.
Contempla su imagen como una presencia viva; la Virgen ha venido a vivir contigo en tu hogar. Recen en familia diariamente, al menos 3 Ave Marías.
Mamá María de Guadalupe: nos hemos reunido todos los miembros de este hogar, para entronizarte, entronizar tu imagen y nombrarte como nuestra Reina, la Reina de nuestro hogar y de todas nuestras cosas, de lo material y de lo espiritual, de nuestras alegrías pero también de nuestras tristezas, de lo que tenemos y de lo que nos falta. A partir de hoy eres Reina y digna Señora de todo lo que poseemos, de cada ladrillo de este hogar, de cada suspiro de los que aquí habitamos.
Tú le pediste al Obispo por medio de Juan Diego que te hiciéramos una Casita en el Tepeyac, ahora te pedimos nosotros que aceptes este hogar como tu “Casita de Guadalupe”, que te quedes a vivir con nosotros, que nunca te vayas.
Y al poner a tus plantas todo lo que tenemos, también te pedimos que a partir de hoy seas dueña de nuestros problemas, nuestras dificultades, nuestros desencuentros y nuestras decepciones. Que reines en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad. Que nada ni nadie en esta casa se salga de tu reinado.
Así como le dijiste a Juan Diego “¿Qué no estoy yo aquí, que tengo la dicha y el honor de ser tu mamá? Que no te preocupe ni te inquiete cosa alguna”, así mismo, por favor hazlo también en este hogar, y que podamos escuchar también las mismas palabras, y que en el transcurso de nuestra vida como familia, sepamos que la reina nos va a tener siempre “el el hueco de su manto, en el cruce de sus brazos”
Amén.



























